Es una serie de pinturas que exploran ideas sobre paisaje a través de perspectivas de la ontología relacional y la ontología orientada a los objetos. Se generan parentescos inter-especies humano-planta para conjurar metáforas que me ayudan a relacionarme con el espacio geográfico desde donde pienso, trabajo y propongo mi obra. A través de un ejercicio pictórico/material propongo pinturas con naturaleza de ensamblaje las cuales encarnan distintas capas materiales que pasan a ser capas de contenido conceptual . La materialidad del objeto es el centro gravitacional de la obra. Estas pinturas no están solamente pintadas, no es el tacto ni el pincel lo que las caracterizan. Planteo un juego entre pintura y collage donde los bordes matéricos son también dimensiones formales en la composición, dimensiones para sumergirse en la obra.

 

Los elementos collage de las pinturas están hechos de un papel artesanal de cabuya, una fibra que viene del Agave. El agave andino es una planta característica del paisaje de los Andes del Ecuador. Históricamente ha sido una planta de suma importancia en la vida de las culturas que han habitado este territorio y motivo frecuente de contextualización en la historia del arte del país. Su multiplicidad de usos la han entrelazado en el tejido cultural y en la producción material del de la cultura popular. Sus usos van desde la producción textil, el uso de su madera en instrumentos musicales y para construcción, hasta llegar al consumo de la planta, sus flores conocidas como alcaparras son comestibles y de su corazón emerge la bebida conocida como Chawar Mishki.

 

La substancia de este elemento sitúa a las pinturas en una coordenada geográfica y en un contexto. En una dimensión material el paisaje de los Andes es encarnado en la obra, como por ejemplo la pintura que lleva como nombre Penco, aquí el papel utilizado como parte de la composición actúa como símbolo y materia. Penco es una pintura en acrílico, óleo y papel artesanal de cabuya sobre lienzo. Un personaje biomórfico ejerce como punto gravitacional del paisaje que plantea la composición. El cuerpo del personaje se ensambla entre capas de pintura y de papel, este papel que ha sido marmolado ocupa un espacio pictórico (formal) dentro de la obra. El papel al estar hecho de una planta común del paisaje de los Andes inyecta el paisaje mismo en la superficie del lienzo, el cuadro encarna en su espacio de imagen y objeto un elemento biológico del territorio que emplaza la obra.

 

El método con el cual el  cuadro ha sido pintado actúa como una estratificación del proceso de la obra, nos permite visualizar la arqueología del objeto. Esto atesta de contenido no solo la imagen, si no, como la misma emerge desde un proceso plástico conceptualizado. Es así que el objeto ha sido compuesto por varias fuentes materiales y técnicas dotándolo de una ontología emergente que se expande mas allá del objeto y articula una multiplicidad de espacios fluidos y flexibes para el hacer como una forma de pensar.

 

 

Cartografías emergentes es una serie de pinturas realizadas directamente sobre el papel de cabuya. Es una reflexión material sobre la identidad mestiza, las contradicciones inherentes que la misma plantea y como pensar en ella a través de un ejercicio pictórico. El papel ha pasado por un proceso de marmolado el cual se obtiene al combinar pintura al óleo disuelta en trementina con agua. El rechazo del agua al aceite genera el espacio visual que emerge en la composición. Comparo este proceso al de la formación de una identidad como la mestiza que está inmersa en contradicciones, mundos que se encuentran y no siempre se reconocen. El papel es mi cuerpo que encarna en si dos realidades que pueden coexistir sin necesidad de mezclarse.